lunes, 24 de noviembre de 2014

Estética
¿Qué es para ti buen gusto?

Usar creativamente (inteligentemente) tu afición: ya sea en la literatura, el arte, etc.


Cartesianismo

Diderot

domingo, 23 de noviembre de 2014

lunes, 6 de octubre de 2014

El inicio de la relación. atracción interpersonal.

El estudio de la atracción interpersonal ha sido objeto de interés para la psicología social desde los años 30 del siglo pasado. las investigaciones sobre atracción tratan de responder a la pregunta de quién se siente atraído por quién, y por qué razones. según este autor, a partir de la literatura científica existente pueden extraerse cuatro principios importantes relacionados con la atracción interpersonal que desarrollamos a continuación.

El principio de semejanza.

Este principio señala que las personas tienden a sentirse atraídas por otras personas semejantes a ellas. existe una gran cantidad de investigaciones que demuestran la existencia de una relación positiva entre  semejanza y atracción interpersonal. esta relación es muy clara en el caso de las actitudes. byrne y sus colaboradores han realizado numerosos experimentos que apoyan esta idea a través del denominado paradigma del falso desconocido. en ellos el participante en la investigación cumplimenta un cuestionario de actitudes y posteriormente se le informa de las respuestas que un desconocido ha dado al mismo cuestionario. los resultados muestran que a mayor semejanza en las respuestas, mayor es la atracción expresada hacia dicho desconocido. a partir de los resultados de estos experimentos, byrne formuló la denominada ley de la atracción, que sostiene que hay una relación lineal directa entre el nivel de atracción y la proporción de actitudes similares. los estudios de campo tienden también a confirmar las relaciones entre semejanza de actitudes y atracción. no obstante, como señala david y rusbult, en las relaciones duraderas la semejanza de actitudes puede deberse no sólo a la coincidencia casual de actitudes, sino también a que alguno de los miembros de la pareja (o los dos) modifiquen sus actitudes con objeto de que resulten más congruentes con las del otro miembro.







Sin embargo, cuando dejamos el campo de las actitudes, la relación entre semejanza y atracción no es tan clara. esto es lo que sucede, por ejemplo, en el caso de los rasgos físicos o de las características de personalidad. así, el tener un rasgo físico determinado no significa que busquemos en nuestra pareja ese mismo rasgo, de otro modo el mundo estaría lleno de parejas con rasgos físicos similares (nariz grande, ojos pequeños, y así sucesivamente). no obstante, lo que sí se ha encontrado en diversas investigaciones es que el nivel de atractivo entre ambos miembros de la pareja tiende a ser semejante. a este fenómeno se le denomina hipótesis del emparejamiento.

En el caso de los rasgos psicológicos existen una serie de autores, que sostienen que las personas nos sentimos atraídas por aquellos que tienen las características que nos gustaría tener a nosotros. desde este punto de vista se mantiene que, por ejemplo, si somos poco expresivos y nos gustaría serlo mas, nos sentiremos atraídos por las personas expresivas. de ser esto cierto, solo existiría relación entre semejanza y atracción cuando el yo real y el yo ideal se pareciesen. no obstante, cuando existen discrepancias entre el yo real y el yo ideal nos sentiremos nos sentiremos atraídos por aquellas personas parecidas a nuestro yo ideal.

A pesar de que intuitivamente parece plausible, no existe demasiada evidencia a favor del principio de complementariedad, que sostiene que nos sentimos atraídos por personas que presenta rasgos complementarios a los nuestros.

El principio de proximidad

Cuando las personas viven en la misma vecindad, trabajan en el mismo bloque de oficinas o compran en las mismas tiendas es probable que acaben convirtiéndose en amigos o pareja. Esto podría explicarse de dos maneras. Por un lado, porque al compartir el mismo entorno proporciona oportunidades para la interacción social, pudiendo surgir la atracción a partir de dicha interacción. Sin embargo, en muchas ocasiones no existe interacción y se observa el mismo efecto: las personas a las que vemos con frecuencia tienden a "caernos mejor" que las que nos son desconocidas. En este caso la atracción suele explicarse por el denominado efecto de "mera exposición". Como dice Zajonc, la mera exposición repetida a un estímulo nuevo que en principio nos resulta neutro es condición suficiente para que nuestras actitudes hacia dicho estímulo mejoren. Existe una abundante evidencia a favor de este efecto, y gran parte de ella ha sido obtenida en le campo de la atracción interpersonal.

No obstante, estudios clásicos también han demostrado que una exposición prolongada a un estímulo, o una actitud inicial negativa hacia el estímulo invierten este efecto, es decir las actitudes hacia el estímulo empeoran. En este sentido, en el ámbito de las relaciones intergrupales, ciertos autores han demostrado recientemente que la exposición repetida a estímulos relevantes de un exogrupo empeora la evaluación porque aumenta la amenaza a la identidad de manera proporcional a la exposición al exogrupo.

El aumento de la atracción bajo condiciones de ansiedad y estrés.

Esta línea de investigación tiene su origen en el experimento clásico de Schachter, en el que se demostró que las personas preferían esperar para la realización de un experimento, de carácter estrenaste, acompañadas por otras personas a esperar solas. Otras investigaciones, tanto de carácter experimental como estudios de campo, muestran que bajo condiciones de ansiedad y estrés aumenta el deseo de contacto social, sobre todo con las personas que están en la misma situación. 






domingo, 2 de marzo de 2014



La agresión. Algunas cuestiones conceptuales



Se entiende por agresión cualquier forma de conducta dirigida a dañar o injuriar a otro ser vivo que está motivado a evitar tal trato. Con esta definición se pretende excluir de este concepto aquellas conductas dirigidas hacia otros que puedan provocar algún daño pero que se  realizan sin esa intención. Esta cuestión se ilustra claramente en los daños que con frecuencia se producen durante los juegos infantiles. En estos casos, es muy probable que los niños más corpulentos no se percaten de la mayor fragilidad de los pequeños, quienes, en el transcurso del juego, pueden sufrir algún daño. La falta de intención y de previsión de consecuencias por parte de los más fuertes es lo que hace que se considere una conducta no agresiva. Por el contrario, se incluyen conductas que teniendo la intención de provocar un daño, fracasan en lograr este objetivo. Los intentos frustrados de difamar, difundiendo rumores, o los intentos fallidos de aterrorizar sí serían casos de agresión.

La intención de hacer daño es, sin duda, el elemento central de la definición de este tipo de comportamientos y, aunque en la vida cotidiana es frecuente que una misma conducta esté guiada por diferentes motivaciones y metas, las investigaciones sugieren diferenciar dos tipos de agresiones en función de las dos metas más comunes perseguidas con este tipo de comportamientos: agresión afectiva u hostil y agresión instrumental. La primera se correspondería con las acciones cuyo fin último es provocar un daño. La segunda, que es la más frecuente, se caracteriza por ser una agresión dirigida a conseguir algún objetivo o un fin que no es el daño en sí mismo. Es decir, en este caso, el daño que se provoca (o la amenaza de daño) es un medio para conseguir algún otro fin, sea el sometimiento de la víctima, su colaboración, o un beneficio de cualquier tipo.

En términos generales, la agresión afectiva se considera impulsiva, dirigida por la ira y sin que previamente se hayan anticipado consecuencias más allá de la propia venganza. Por ello, se puede decir que es más irracional que la instrumental. Finalmente, hay que señalar que este tipo de agresión suele ser reactiva, ya que, con frecuencia, es precedida de una instigación previa. Por el contrario, la característica principal de la agresión instrumental es que se realiza tras anticipar consecuencias reforzantes o para evitar castigos. Por tanto, no precisa de estímulos instigadores previos y, en este sentido, se considera deliberada, racional y no guiada por la ira.

En el contexto natural es frecuente encontrar ejemplos de estos tipos de agresiones. Con sólo revisar algunas de las noticias que aparecen en los medios de comunicación se pueden identificar las motivaciones hostiles y las instrumentales en las interpretaciones que se hacen de ciertos acontecimientos. Por ejemplo, cada cierto tiempo se informa en los medios de asesinatos cometidos por uno de los vecinos de la víctima. Es muy común que el conflicto entre los afectados tuviera su origen en una disputa remota que no se resolvió a favor del agresor, y que desde entonces los enfrentamientos entre ambas partes se repitieran hasta que, finalmente, uno de ellos terminó con la vida del otro. En estos casos, se interpreta que el deseo de venganza, es decir, el deseo de producir un daño desencadenó el desenlace violento. Este ejemplo ilustra la motivación básica que subyace a la agresión hostil.

Frente a este caso, en algunas ocasiones, los medios de comunicación han informado de otro tipo de agresiones. Este es el caso de ciertos robos en los que, a pesar de que las víctimas no se resistieron, los atracadores actuaron con extremada violencia. Pues bien, en esos casos, las autoridades han interpretado que la violencia responde a una motivación instrumental, ya que su único motivo era atemorizar a las futuras víctimas para poder actuar con mayor impunidad en los sucesivos atracos.

Como puede verse en estos dos ejemplos, la distinción entre la agresión hostil y la instrumental se  basa en motivaciones diferentes y sugiere diferencias también en las expectativas de consecuencias y en los antecedentes situacionales.

La agresión se puede caracterizar en función de diferentes parámetros; por ejemplo, la modalidad de respuesta (verbal o física), su visibilidad (abierta o encubierta), el tipo de daño que produce (físico o psicológico), la frecuencia con la que ocurre (puntual o repetida), la duración de sus consecuencias (transitorias o duraderas) o los agentes implicados (individual, interpersonal o grupos/colectivos).

Un término estrechamente relacionado con el de agresión es el de violencia. Este concepto se refiere a las formas extremas de agresión física. Concretamente, se plantea que la violencia consiste en infligir fuerza intensa a seres vivos o propiedades con el propósito de destruirlos, castigarlos o controlarlos. Es, por tanto, un concepto más restringido que el de agresión y debe entenderse como un subtipo de agresión.

miércoles, 12 de febrero de 2014

peliculas "inaguantables": (es mentira, son de las mejores)

aterriza como puedas: ver video

http://www.paramountchannel.es/2013/12/30/curiosidades-de-aterriza-como-puedas/

spaceball: ver video

http://www.youtube.com/watch?v=8jI82bYpzEw

también: Top-secret

un video gracioso

http://www.youtube.com/watch?v=bR7z69qdeDk


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amigos mod:

http://www.boyfriendtv.com/videos/42011/vintage-50s-gay-hardcore.html?utm_source=awn&utm_medium=tgp&utm_campaign=cpc




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Deaux, K., Winton, W., Crowley, M. (1985). Level of categorization and content of gender stereotypes.
Social Cognition, 3, 145-167.

Dijksterhuis, A., Aarts, H., Bargh, J. A. y van Knippenberg, A (2000). On the relation between associative strength and automatic behavior. Journal of Experimental Social Psychology, 36, 531-544.

Dovidio, J., Kawakami, K., Johnson, C., Johnson, B., y Howard, A. (1997). On the nature of prejudice:
Automatic and controlled processes. Journal of Experimental Social Psychology, 33, 510-540.

Fazio, R. H. y Olson, M. A. (2003). Implicitid measured in social cognition research: Their meaning and use. Annual Review of Psychology, 54, 297-327.

Fiske, S. T. (1993). Controlling other people: The impact of power on stereotyping. American Psiychologist,  48, 621-628.

Fiske, S. T. (1998). Stereotyping, prejudice, and discrimination. En D. T. Gilbert, S. T. Fiske y G. Lindzey (Eds.), Handbook of Social Psychology ( 4º ed., Vol. 2, pp. 357-411). Nueva York: McGraw Hill.

Fiske, S. T. (2004). Social Beings: A core motives approach to Social Psychology. Nueva York: Wiley.

Fiske, S. T. y Cuddy, A. J. C. (2006). Sterotype content across cultures as a function of group status. En S. Guimond (Ed.), Social comparison processes and levels of analysis (pp. 249-263). Nueva York: Cambridge University Press.

Fiske, S. T., Cuddy, A. J. C. y Glick, P. (2002). Emotions up and down: Intergroup emotions result from perceived status and competition. En D. M. Mackie y E. R. Smith (Eds.), From prejudice to intergroup emotion: Differentiated reactions to social groups (pp. 247-264). Filadelfia: Psychology Press.

Borges, C*, Ke te he dicho de dejar quietos los pájaros, Ed. la botica.



Otras películas:

El centurion:

http://www.hardsextube.com/video/930530/centurion-classic-gay-hardcore

buldies:

http://overthumbs.com/galleries/legendary-bodies9/

colt:

http://www.givemegay.com/103509/sexy-gays-are-having-fun-naked-in-the-ocean-on-a-hot-day.html?wmid=14&sid=0


Borges, C*- Chari Borges