La agresión. Algunas cuestiones conceptuales
Se entiende por agresión cualquier forma de conducta dirigida a dañar o injuriar a otro ser vivo que está motivado a evitar tal trato. Con esta definición se pretende excluir de este concepto aquellas conductas dirigidas hacia otros que puedan provocar algún daño pero que se realizan sin esa intención. Esta cuestión se ilustra claramente en los daños que con frecuencia se producen durante los juegos infantiles. En estos casos, es muy probable que los niños más corpulentos no se percaten de la mayor fragilidad de los pequeños, quienes, en el transcurso del juego, pueden sufrir algún daño. La falta de intención y de previsión de consecuencias por parte de los más fuertes es lo que hace que se considere una conducta no agresiva. Por el contrario, se incluyen conductas que teniendo la intención de provocar un daño, fracasan en lograr este objetivo. Los intentos frustrados de difamar, difundiendo rumores, o los intentos fallidos de aterrorizar sí serían casos de agresión.
La intención de hacer daño es, sin duda, el elemento central de la definición de este tipo de comportamientos y, aunque en la vida cotidiana es frecuente que una misma conducta esté guiada por diferentes motivaciones y metas, las investigaciones sugieren diferenciar dos tipos de agresiones en función de las dos metas más comunes perseguidas con este tipo de comportamientos: agresión afectiva u hostil y agresión instrumental. La primera se correspondería con las acciones cuyo fin último es provocar un daño. La segunda, que es la más frecuente, se caracteriza por ser una agresión dirigida a conseguir algún objetivo o un fin que no es el daño en sí mismo. Es decir, en este caso, el daño que se provoca (o la amenaza de daño) es un medio para conseguir algún otro fin, sea el sometimiento de la víctima, su colaboración, o un beneficio de cualquier tipo.
En términos generales, la agresión afectiva se considera impulsiva, dirigida por la ira y sin que previamente se hayan anticipado consecuencias más allá de la propia venganza. Por ello, se puede decir que es más irracional que la instrumental. Finalmente, hay que señalar que este tipo de agresión suele ser reactiva, ya que, con frecuencia, es precedida de una instigación previa. Por el contrario, la característica principal de la agresión instrumental es que se realiza tras anticipar consecuencias reforzantes o para evitar castigos. Por tanto, no precisa de estímulos instigadores previos y, en este sentido, se considera deliberada, racional y no guiada por la ira.
En el contexto natural es frecuente encontrar ejemplos de estos tipos de agresiones. Con sólo revisar algunas de las noticias que aparecen en los medios de comunicación se pueden identificar las motivaciones hostiles y las instrumentales en las interpretaciones que se hacen de ciertos acontecimientos. Por ejemplo, cada cierto tiempo se informa en los medios de asesinatos cometidos por uno de los vecinos de la víctima. Es muy común que el conflicto entre los afectados tuviera su origen en una disputa remota que no se resolvió a favor del agresor, y que desde entonces los enfrentamientos entre ambas partes se repitieran hasta que, finalmente, uno de ellos terminó con la vida del otro. En estos casos, se interpreta que el deseo de venganza, es decir, el deseo de producir un daño desencadenó el desenlace violento. Este ejemplo ilustra la motivación básica que subyace a la agresión hostil.
Frente a este caso, en algunas ocasiones, los medios de comunicación han informado de otro tipo de agresiones. Este es el caso de ciertos robos en los que, a pesar de que las víctimas no se resistieron, los atracadores actuaron con extremada violencia. Pues bien, en esos casos, las autoridades han interpretado que la violencia responde a una motivación instrumental, ya que su único motivo era atemorizar a las futuras víctimas para poder actuar con mayor impunidad en los sucesivos atracos.
Como puede verse en estos dos ejemplos, la distinción entre la agresión hostil y la instrumental se basa en motivaciones diferentes y sugiere diferencias también en las expectativas de consecuencias y en los antecedentes situacionales.
La agresión se puede caracterizar en función de diferentes parámetros; por ejemplo, la modalidad de respuesta (verbal o física), su visibilidad (abierta o encubierta), el tipo de daño que produce (físico o psicológico), la frecuencia con la que ocurre (puntual o repetida), la duración de sus consecuencias (transitorias o duraderas) o los agentes implicados (individual, interpersonal o grupos/colectivos).
Un término estrechamente relacionado con el de agresión es el de violencia. Este concepto se refiere a las formas extremas de agresión física. Concretamente, se plantea que la violencia consiste en infligir fuerza intensa a seres vivos o propiedades con el propósito de destruirlos, castigarlos o controlarlos. Es, por tanto, un concepto más restringido que el de agresión y debe entenderse como un subtipo de agresión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario