lunes, 6 de octubre de 2014

El inicio de la relación. atracción interpersonal.

El estudio de la atracción interpersonal ha sido objeto de interés para la psicología social desde los años 30 del siglo pasado. las investigaciones sobre atracción tratan de responder a la pregunta de quién se siente atraído por quién, y por qué razones. según este autor, a partir de la literatura científica existente pueden extraerse cuatro principios importantes relacionados con la atracción interpersonal que desarrollamos a continuación.

El principio de semejanza.

Este principio señala que las personas tienden a sentirse atraídas por otras personas semejantes a ellas. existe una gran cantidad de investigaciones que demuestran la existencia de una relación positiva entre  semejanza y atracción interpersonal. esta relación es muy clara en el caso de las actitudes. byrne y sus colaboradores han realizado numerosos experimentos que apoyan esta idea a través del denominado paradigma del falso desconocido. en ellos el participante en la investigación cumplimenta un cuestionario de actitudes y posteriormente se le informa de las respuestas que un desconocido ha dado al mismo cuestionario. los resultados muestran que a mayor semejanza en las respuestas, mayor es la atracción expresada hacia dicho desconocido. a partir de los resultados de estos experimentos, byrne formuló la denominada ley de la atracción, que sostiene que hay una relación lineal directa entre el nivel de atracción y la proporción de actitudes similares. los estudios de campo tienden también a confirmar las relaciones entre semejanza de actitudes y atracción. no obstante, como señala david y rusbult, en las relaciones duraderas la semejanza de actitudes puede deberse no sólo a la coincidencia casual de actitudes, sino también a que alguno de los miembros de la pareja (o los dos) modifiquen sus actitudes con objeto de que resulten más congruentes con las del otro miembro.







Sin embargo, cuando dejamos el campo de las actitudes, la relación entre semejanza y atracción no es tan clara. esto es lo que sucede, por ejemplo, en el caso de los rasgos físicos o de las características de personalidad. así, el tener un rasgo físico determinado no significa que busquemos en nuestra pareja ese mismo rasgo, de otro modo el mundo estaría lleno de parejas con rasgos físicos similares (nariz grande, ojos pequeños, y así sucesivamente). no obstante, lo que sí se ha encontrado en diversas investigaciones es que el nivel de atractivo entre ambos miembros de la pareja tiende a ser semejante. a este fenómeno se le denomina hipótesis del emparejamiento.

En el caso de los rasgos psicológicos existen una serie de autores, que sostienen que las personas nos sentimos atraídas por aquellos que tienen las características que nos gustaría tener a nosotros. desde este punto de vista se mantiene que, por ejemplo, si somos poco expresivos y nos gustaría serlo mas, nos sentiremos atraídos por las personas expresivas. de ser esto cierto, solo existiría relación entre semejanza y atracción cuando el yo real y el yo ideal se pareciesen. no obstante, cuando existen discrepancias entre el yo real y el yo ideal nos sentiremos nos sentiremos atraídos por aquellas personas parecidas a nuestro yo ideal.

A pesar de que intuitivamente parece plausible, no existe demasiada evidencia a favor del principio de complementariedad, que sostiene que nos sentimos atraídos por personas que presenta rasgos complementarios a los nuestros.

El principio de proximidad

Cuando las personas viven en la misma vecindad, trabajan en el mismo bloque de oficinas o compran en las mismas tiendas es probable que acaben convirtiéndose en amigos o pareja. Esto podría explicarse de dos maneras. Por un lado, porque al compartir el mismo entorno proporciona oportunidades para la interacción social, pudiendo surgir la atracción a partir de dicha interacción. Sin embargo, en muchas ocasiones no existe interacción y se observa el mismo efecto: las personas a las que vemos con frecuencia tienden a "caernos mejor" que las que nos son desconocidas. En este caso la atracción suele explicarse por el denominado efecto de "mera exposición". Como dice Zajonc, la mera exposición repetida a un estímulo nuevo que en principio nos resulta neutro es condición suficiente para que nuestras actitudes hacia dicho estímulo mejoren. Existe una abundante evidencia a favor de este efecto, y gran parte de ella ha sido obtenida en le campo de la atracción interpersonal.

No obstante, estudios clásicos también han demostrado que una exposición prolongada a un estímulo, o una actitud inicial negativa hacia el estímulo invierten este efecto, es decir las actitudes hacia el estímulo empeoran. En este sentido, en el ámbito de las relaciones intergrupales, ciertos autores han demostrado recientemente que la exposición repetida a estímulos relevantes de un exogrupo empeora la evaluación porque aumenta la amenaza a la identidad de manera proporcional a la exposición al exogrupo.

El aumento de la atracción bajo condiciones de ansiedad y estrés.

Esta línea de investigación tiene su origen en el experimento clásico de Schachter, en el que se demostró que las personas preferían esperar para la realización de un experimento, de carácter estrenaste, acompañadas por otras personas a esperar solas. Otras investigaciones, tanto de carácter experimental como estudios de campo, muestran que bajo condiciones de ansiedad y estrés aumenta el deseo de contacto social, sobre todo con las personas que están en la misma situación.